En la actualidad es común observar que muchos de los libros que vemos en las estanterías de las tiendas departamentales, librerías, o catálogos en línea, han sido adaptados a la pantalla grande, e incluso en algunos casos se ha vuelto una práctica común exhibir primero la película, y después realizar el lanzamiento del libro, como una campaña de mercado que resulte redituable tanto para el estudio cinematográfico, como para la casa editora que los imprime.
En otros casos, se da esta fórmula a la inversa, es decir, primero se exhibe una película y si es bien recibida por el público, se pública un libro que ofrece la misma historia contada con más detalles que no se apreciaron a primera vista, o que no se incluyeron dentro de la producción cinematográfica.
En el caso del libro sobre el cual quiero centrar la presente recomendación, se trata de una novela del género de terror, la cual tuve la fortuna de leer hace unos ocho años; la verdad, en ese entonces, no me interesaba mucho el género de terror, incluso ese día no buscaba nada en específico, pero encontré un libro que actualmente puede considerarse una reliquia, ya que es difícil de encontrar.
Este libro es algo antiguo, la primera edición es del año 1971 y su historia fue llevada a la pantalla grande un par de años después. Esta cinta rápidamente se convirtió en un clásico, llegando a ser no sólo un ícono, sino un pilar dentro del género del horror en el cine, ya que la historia, sus personajes, los detalles que la misma muestra al espectador, sentaron un precedente, que hasta el día de hoy a muchas personas les da un vuelco el corazón cuando escuchan su título.
Esta obra lleva por nombre “El Exorcista” y fue escrita por el autor estadounidense William Peter Blatty.
Es necesario mencionar que ésta novela fue inspirada en hechos que presuntamente tuvieron lugar en estados unidos, entre el año 1949 y 1950, aunque si bien esta información puede no ser cierta, lo que es verdadero es que el tema de lo sobrenatural y lo oculto siempre ha interesado al ser humano; de la mano del autor, podremos experimentar un profundo horror con cada página que leemos.
La historia comienza con la introducción que hace el autor sobre dos personajes principales, el padre Lankester Merrin, sacerdote jesuita de edad avanzada, quien se encuentra dirigiendo una exploración arqueológica en Irak, en unas antiguas ruinas que se sitúan a una corta distancia de la ciudad asiria de Nínive, donde un extraño descubrimiento le lleva a intuir que pronto enfrentará a un viejo enemigo, un peligroso demonio llamado Pazuzu.
Por otro lado, el autor nos presente a la familia MacNeil, que se constituye únicamente por Chris MacNeil, una joven actriz que se encuentra en el punto más álgido de su carrera, y su pequeña hija Regan MacNeil, quien es descrita como una dulce y cariñosa niña, hasta que una serie de eventos desencadenados por la pequeña, que al jugar con un viejo tablero de Ouija que encontró en el sótano de su nueva casa en la ciudad de Washington, cambian su vida para siempre.
En esta historia también interviene el joven padre Damien Karras, quien al igual que el padre Merrin, es un sacerdote jesuita, quien reside en la universidad de Georgetown, donde imparte clases de psiquiatría a los estudiantes del instituto; severamente afectado por el reciente deceso de su madre, este personaje enfrenta sentimientos que van desde la ira, la culpa, el duelo y la perdida de fe, abismos que deberá cruzar para salvar la vida de Regan MacNeil.
Al leer los primeros capítulos de este libro, se puede notar que la narrativa del autor es apresurada y hasta cierto punto desorganizada, ya que al presentar a los protagonistas, no establece una conexión entre  sus respectivas historias, sin embargo, esta sensación de “lentitud” en la historia se olvida en cuanto se narran los primeros sucesos anormales dentro del hogar de las MacNeil.
Golpes en el techo…un frío glacial…un olor a podredumbre…muebles que cambian de lugar… todo parece tener una explicación lógica para Chris MacNeil; quizás roedores en el ático, una ventana defectuosa que se abre y deja entrar el clima gélido del exterior, sí…. todo tiene una explicación lógica, incluso los cambios de humor en su hija, quien se nota irritable…solitaria….temerosa...y hostil.
Sin embargo, el estado de la niña empeora día con día; desesperada por los cambios que experimenta su pequeña, ante los paulatinamente se desecha toda explicación lógica y médica, se da cuenta que lo que necesita es ayuda espiritual, por lo que decide buscar a alguien que pueda salvar el alma de su hija, contactando a dos sacerdotes expertos en el tema de las posesiones demoniacas.
El horror que asaltará al lector de esta obra se verá alimentado en gran medida por los detalles que presta el autor sobre el estado de Regan, detallando sus cambios físicos y conductuales, la maestría con la que describe su rostro tétrico, ojos inhumanos parecidos a los ojos de un zorro, una mirada que irradia odio y maldad, y una grotesca mueca burlona; la niña se ha convertido en el títere de un poderoso demonio, que ha reclamado el alma de la niña como suya.
A partir de este punto, puede decirse que la batalla entre el bien y el mal ha comenzado, la fe contra el escepticismo, la lógica contra lo sobrenatural, y el único premio es el alma de una niña.
Quien tenga la oportunidad de leer esta obra, deberá estar preparado para los trucos que la mente pueda jugarle, la sugestión que una obra tan detallada puede provocar, o el escalofrío que ocasiona leer este libro a altas horas de la noche. Si bien, la historia no será desconocida por la mayoría de los lectores, una cosa puedo asegurar, la imaginación supera a cualquier producción cinematográfica, y de tener la suerte u oportunidad de hacerse de esta obra, se advierte que en sus manos tendrá combustible para pesadillas.
Esta emblemática obra de horror es casi obligatoria para cualquier amante del género; escalofriante, sombría, lúgubre….hay un sinfín de palabras para describirla, sin embargo la que mejor queda es “incomparable”. Si el lector gusta del género del horror, ya sea en la literatura como en el cine, sabrá que ésta es invaluable.
Tabú para algunos, ficción para otros, terrorífico para la mayoría…”El Exorcista” es sin duda un libro que supera con creces a su adaptación cinematográfica, que garantiza provocar en el lector noches de insomnio, temor al leerlo, pero sobre todo, una experiencia de terror única, que ha estado vigente en la memoria colectiva desde hace más de 40 años.
-Humberto Arceo.
30 de octubre de 2016